lunes, 7 de mayo de 2012

Una de camioneros...

Las mañanas son maravillosas, es una historia a redactar. Después del variado, repleto de vida y ocio del fin de semana, parece que un lunes pinta como un día lleno de rutina donde todos se rehusan a asimilarlo. 


Suena la alarma, te levantas al baño y en lo que pones el café el reloj ha corrido mas rápido que nunca. Sales corriendo de casa, ya en camino vas rogando a los santos de que el semáforo del paso de cebra que aun parpadea en verde no se ponga en rojo para no verte obligado a pasártelo y que te toquen el claxon. Pero haz llegado tarde y te tienes que esperar. Aquí comienza la historia. Es en ese momento donde te das cuenta que estas vivo, dormido, pero vivo. 


Poco agitado de correr unos segundos en una mañana fría como la sección de helados de un supermercado, observas a tu alrededor y vez a  todos con el cabello escurriendo, sus ojos todavía inchados, con sus libros o maletín en su mano volteando a todas partes o a la nada a la vez. Ansiosos de que dejen de pasar coches para seguir con su camino, cuando por fin pasa el último que al parecer sigue de vacaciones de lo lento que va, hay una guerra de dos lados, el bando "que va" y el bando "que viene". En tu punto de referencia siempre estarás en "el que va". Los dos se entrelazan con cierta fuerza y decisión hasta que cada quien sigue su recorrido sin mirar atrás y en instantes te olvidas de ellos. 


Llegas al metro justo cuando el vagón abre sus puertas y una manada de civiles salen de ellas, parecido a un sombrero de mago que aparentemente no cabe nada, pues brotan y salen y salen mas gentes. Es tu turno y vez que en el fondo una asiento milagroso queda iluminado y cuando corres a él sabiendo que te lo pueden ganar, una señora de pelo corto con cara de bulldog (sin ofender) lo había visto antes que tu. Entonces, te quedas de pie lo mas cerca posible de las puertas, pero no estas sólo y otra manada viene hacia el vagón y parece que las puertas no cierran y entran y entran hasta que quedas en un minúsculo sitio alado o debajo de un gigante de traje y una adolescente con su ipod a todo volumen, la música sale de sus orejas disparada y abarca todo los pocos huecos que quedan en el metro. 


Próxima estación, Plaza de Castilla, correspondencia con lineas uno y nueve, se escucha a lo lejos, te preparas, listo, ¡fuera!. Corres para seguir el transporte que aun no acaba, caminas rápido entre la multitud al autobús con la esperanza de que encuentres un sitio donde poder sentarte para ahora si abrir tu libro y leer. Llegas temprano y está la gente subiendo, entras amablemente saludando al conductor que viene con mas o menos las mismas ganas que tu y finalmente te sientas. Abres tu libro, pero es divertido poner atención, el libro puede esperar, el circo del lunes por las mañanas no.


El conductor viene como dije, sin tantas ganas, talvez está en automático. No quiere hablar y de repente una señora con tono "cabreado" se escucha desde el fondo diciendo: ¡Perdona, abres atrás por favor!, él presiona un botón y la mujer se baja. Al cambiarse de cera en la carretera casi mata a un coche y éste le pita, el conductor no hace mas que alzar su mano como símbolo de ¡ups!, ¿pero para que te levantas tan temprano jo?. Entonces una señora que piensa que estamos a miércoles por que habla hasta por los codos le pregunta: ¿ha que hora haz comenzado? el conductor responde sin gesticular: siete menos diez. Ella: mmm, (y un silencio invade la conversación casi unilateral hasta que remata) no hay nubes, uf! parece que no llueve hoy. Él le responde: si, ya veo (aunque no este viendo). 


Me dio mucha gracia por que me hizo recordar a un viaje que tuve con mis amigo en México en camión (autobús). Es que hay de conductores a conductores, esa vez nos tocó uno hablador, nos contó toda su vida y anécdotas de camioneros, y cuando dormíamos sacaba su celular y hablaba horas y horas con un montón de amigos bajo un letrero que decía "El conductor tiene prohibido utilizar cualquier tipo de teléfono móvil, si le sorprende por favor denúncielo", hay, solo pasa en México. Pero no solo en México te puedes divertir en los transportes, seguramente habrá millones de anécdotas inesperadas en estos momentos tan "rutinarios"es cuestión de alzar la mirada unos instantes y las historias flotaran entre la gente. 

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